¿Celebramos exclusiones, desigualdades y barreras raciales?

La resolución por la que se aprueba el 18 de diciembre como Día Internacional de las Personas Migrantes se justifica en las siguientes afirmaciones:

"Considerando que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en ella, sin distinción de ningún tipo, en particular de raza, color u origen nacional,

Teniendo en cuenta el número elevado y cada vez mayor de migrantes que existe en el mundo,

[Y] Alentada por el creciente interés de la comunidad internacional en proteger efectiva y plenamente los derechos humanos de todos los migrantes, y destacando la necesidad de seguir tratando de asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes".

Bonitas palabras que se quedan en papel mojado cuando observamos las medidas puestas en marcha en las conocidas como sociedades occidentales en los últimos años. Intervenciones que responden a un discurso tremendista en favor de la seguridad frente a los derechos de las personas.

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Mafalda. Tiras de Susanita

Aterrizando en el Estado Español, nos encontramos con unas leyes que impregnan de trabas la acogida de las personas migrantes no comunitarias. El marco normativo está constituido, fundamentalmente, por la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su integración Social (conocida como Ley de Extranjería) y sus sucesivas reforma (especialmente la 2/2009), y cuyo reglamento se desarrolla en el Real Decreto 557/2011, de 20 de abril.

Un entramado legislativo que fomenta la exclusión social, la explotación laboral y la desigualdad de derechos. Y que se agrava en el caso de las mujeres, ya que se las relega a un rol pasivo e invisible a través de un paradigma de la emigración sustentado en un sujeto masculino (al final del artículo se encuentran algunas referencias para profundizar en estas cuestiones). En el siguiente enlace se puede acceder a un vídeo, subido por Alicia Varón García y realizado por Cáritas Bizkaia, la Red Vasca Antirrumores y otras organizaciones de gran interés por los testimonios que contiene: https://www.facebook.com/alicia.varongarciaamilibia/videos/1519076081541460/?notif_id=1513654463637074&notif_t=like.

En definitiva, nos encontramos con un sistema legal deficiente debido a sesgos claramente racistas y sexistas, que ignora las necesidades y circunstancias ligadas a la emigración femenina. Unas carencias que tienen consecuencias en las propias vidas de las mujeres a las que les es prácticamente imposible conseguir un permiso de residencia, con todo lo que ello conlleva. A este respecto, Carla Gómez, de la asociación Mujeres con Voz de Getxo, nos explica todas las dificultades devenidas de esta situación jurídica: "Necesitas tres años para que te den el permiso de trabajo y durante todo ese tiempo nos encontramos en un limbo".

Esta posición las ubica en una situación de extrema precariedad: "mucha gente que se paga su Seguridad Social, que trabaja de sol a sol, que no se atreve a reclamar sus derechos". A lo que se suma la invisibilidad del trabajo doméstico, básicamente único nicho de mercado para muchas mujeres, independientemente de su formación, y que está impregnado de una tremenda opacidad. Además, cabe citar otras fórmulas que refuerzan la exclusión, como "la irregularidad devenida, los problemas de la reagrupación familias y unas exigencias económicas inexplicables para traer a tus hijos e hijas, los sistemas de multas..."

En lo que respecta a las Administraciones y, especialmente, a los servicios sociales, se enfrentan a "muchos abusos de poder" y a una grave infantilización: "Cuando te explican trámites parece que te tratan como a una niña, como a un ser inferior. Al final te acabas creyendo que tu lugar es un rincón". Al final, todo depende de la persona funcionaria que te encuentres, que den o no recursos, información... "No tenemos muchos ejemplos de buenos tratos. Pero sí una elevada frustración, lloros y otras situaciones de dolor. Y tenemos constancia de que hay mujeres que son amenazadas con quitarle a sus hijos. ¿Esto no es una forma de violencia? Vas a pedir ayuda y te hunden un poco más".

En este sentido, una expresión fundamental para la perpetuación de un sistema racista y sexista es la violencia simbólica a través de la perpetuación de estereotipos, especialmente en las extracomunitarias. En la ponencia "Mujeres migrantes en Bizkaia. Una mirada interseccional" al amparo de las Jornadas "Los espejismos de la igualdad", organizada por la Asociación Clara Campoamor, la propia Carla Gómez explicaba cómo, desde una concepción eurocéntrica de la realidad, son percibidas como necesitadas, sin herramientas ni recursos y totalmente homogeneizadas. En el caso de las procedentes de los distintos países de América Latina, las "latinas" como las simplificamos, las observamos como cuerpos sexualmente desinhibidos e interesados. Por su parte, las "moras" serían oprimidas y víctimas, las "chinitas" sumisas y trabajadoras o las "africanas" putas y analfabetas. Se puede ver la charla aquí:

 

Segunda sesión de las jornadas: "Los espejismos de la igualdad", organizada por la Asociacion Clara Campoamor.

Por consiguiente, leemos sus cuerpos como exóticos y extraños; que, al estar racializados, observamos con curiosidad y con ánimo de juzgar. Estigmas que se mantienen independientemente de los años que llevan aquí o de su sentimiento de pertenencia. Como nos cuenta Hajar Samadi, de Bidaya, Asociación de mujeres Musulmanas, en el taller "aCERCAté" organizado junto con la Asociación Al Nour en Durango: "Llevo desde los 2 años aquí y yo no me siento emigrante porque nunca hice las maletas. Pero son los demás quienes me ven como tal". A este respecto, Carla añade que: "Yo soy teniendo en cuenta cómo me miran los demás. Y no me puedo definir como vasca porque me están diciendo continuamente que no soy de aquí, preguntándome una y otra vez de dónde soy". Y se producen muchas situaciones de violencia: "Justo en Día Internacional de la Migración que iba a un evento organizado por el propio ayuntamiento y el taxista me dijo que volviera a Sudamérica".

Como se deriva de estas últimas palabras de Carla, las mujeres migrantes están sometidas a múltiples formas de violencia, que se ven reforzadas desde el propio marco jurídico y legal. Agresiones que se agravan, todavía más, en colectivos de extrema vulnerabilidad, como las mujeres con diversidad funcional, aquellas que no conocen el idioma, las que se encuentran en una situación de aislamiento o víctimas de violencia de género. De manera que las soluciones, como nos explican, pasa por tener en cuenta la posición específica de las mujeres y trabajar desde una mirada interseccional, desde la empatía.

Unas prácticas que ellas mismas están poniendo en marcha en sus experiencias organizativas, ofreciendo redes, asesoramiento y acompañamiento. Y en las que nos detendremos en la siguiente entrada como expresiones de resistencia, resiliencia y lucha frente a las múltiples opresiones. Frente a las violencias procedentes de las instituciones y la sociedad, solidaridad y apoyo en la diversidad.

 

* Asociación de Mujeres Al Nour: http://www.mujeresalnour.org/

* Bidaya, Asociación de Mujeres Musulmanas de Euskadi: https://musulmanasbidaya.wordpress.com/

* Brujas y diversas (2015): Juntas y diversas. Compartiendo experiencias. Mujeres migradas en Euskal Herria. Bilbao: Mujeres del Mundo "Babel" y Diputación Foral de Bizkaia.

* Mujeres con Voz: http://mujeresyvoces.blogspot.com.es/

* Martínez Ten, Luz y Tuts, Martina (2010): Derechos humanos, mujer e inmigración. Disponible en: http://www.aulaintercultural.org/guiaddhhmujeres/indice.htm

* Red Vasca Antirrumores: http://zurrumurrurikez.eus/

* Sánchez, Begoña (SOS Racismo) (2007): Mujer e inmigración. Disponible en:  http://observatoridesc.org/files/cap6.pdf

 

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