El camino hacia la igualdad pasa por nuestras mesas

Las fechas navideñas siempre son una buena excusa para dirigir las miradas feministas a nuestras mesas: ¿Quién se encarga de todo? ¿Quién prepara y organiza? En algunos casos, ellos hacen tareas de apoyo, quizás comprar (con la lista ya hecha), poner la mesa (con las indicaciones correspondientes) o cortar el jamón (esto sí ya es tarea propiamente masculina). Cenas de treinta, quince o cinco personas en las que cocina se convierte en dominio exclusivo de las mujeres. Que no es que esté yo en contra de estos espacios de camaradería, bromas y risas cómplices, sino porque me surge la pregunta: ¿Dónde están ellos? Pues... por no ser muy burda, ellos están con el puro, la copa y las patas abiertas sentados en la mesa.

 

¿Y cuál es la respuesta cuando manifiestas tu incomprensión? Pues las míticas frases: "Es que os gusta" o "Es que tenéis mucha prisa por recoger, en un rato ya iríamos nosotros pero sois unas maniáticas" o "Por mí como si comemos en platos de plástico"... Cuestiones que refuerzan la ceguera patriarcal y que los ubican en esa posición de comodidad, en la que la culpa siempre es nuestra. Una vez más, desde aquel pecadillo de Eva en el paraíso. Y, ¿por qué no hablar de la desvalorización que suponen todos estos comentarios? Porque digo yo que, si no vas a levantarte, al menos da unas gracias y reconoce todo ese esfuerzo femenino por pasar unas cenas y unas comidas estupendas y que ese deseo de "Feliz Navidad" se haga un poco más realidad.

 

Pero, ¿os imagináis si en lugar de revolcaros en los privilegios masculinos conseguimos que cuidar y mimar sea cosa de todas y todos? ¿Y si reventamos la divisoria entre producción y reproducción y nos encaminamos a un modelo en el que nos corresponsabilicemos y nos sostengamos unas a otros y otros a unas? Asumamos de una vez nuestra dependencia como personas y debilitemos el mito de la autonomía como paradigma. Como nos dice Carol Gilligan (2011: 22): "Dentro de un marco patriarcal, el cuidado es una ética femenina. Dentro de un marco democrático [en una concepción amplia, feminista e inclusiva], el cuidado es una ética humana".

 

O, como reivindica Rose Tico en la última película de Star Wars: The Last Jedi: "That´s how we´re gonna win, not fighting what we hate, but saving what we love" ["Así es como vamos a ganar, no luchando contra lo que odiamos, sino salvando lo que amamos"]. Quizás, si ponemos esto en práctica, sí podamos celebrar un 2018 más feminista. Porque el feminismo haya impregnado, de una vez, nuestras mesas.

 

 

* Gilligan, Carol (2011): Joining the resistance. Cambridge: Polity Press.

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