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Sobre oficios precarios... Y de mujeres

Un día más, las trabajadoras de las residencias de Bizkaia han salido a la calle a reivindicar sus derechos. No es el único colectivo mayoritariamente femenino que está en lucha. Nos encontramos otros casos populares como el de las ya conocidas como Kellys o el de las trabajadoras de la pesca. Solo algunos ejemplos de oficios tradicionalmente ejercidos por mujeres y que están rodeados de invisibilidad, marginación y precariedad. Algo que no es casual. Es una expresión de la división sexual del trabajo.

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La división sexual del trabajo se fundamenta en la dicotomía jerárquica entre el espacio público y el privado, asociados. respectivamente, a lo masculino y lo reconocido frente a lo femenino e invisible. Las imágenes confrontadas del monumento de La madre del emigrante (Xixón) y el El monumento al trabajo (Vigo) evidencian esa construcción dicotómica.

El patriarcado ha encontrado en el capitalismo el aliado ideal al legitimar los discursos que relacionan lo femenino con lo doméstico y lo privado, mientras que los varones se vinculan al ámbito de lo productivo y, con ello, del poder. Como indica Carol Pateman: "Se presupone que las mujeres son esposas y se supone que las esposas dependen económicamente de sus esposos, obteniendo de ellos los medios de subsistencia a cambio de servicios domésticos" y (añadimos) cuidados y amor desinteresados. De manera que, como añade Celia Amorós, la aparición de las mismas en la esfera de producción "reviste un carácter marginal, de asomo, que se plasma en la sobreexplotación, o en la asignación de puestos de trabajo definidos por la provisionalidad, al estar "como de paso", la excepcionalidad ‑la mujer es aquí la suplente por excelencia‑, o por la extrapolación de los roles domésticos en la vida social". 

Es decir, los colectivos feminizados se encuentran con todo un entramado de marginalidad de su condición de mujeres. Repasemos algunas de las dimensiones que señala Amaia Pérez Orozco. En primer lugar, estos oficios se caracterizan por los bajos salarios y por una ausencia de regulación. Los ejemplos que hemos dado anteriormente cuentan con sueldos irrisorios y con una falta de amparo institucional en cuestiones tan fundamentales como  el reconocimiento de enfermedades, la provisión de equipamientos o instalaciones que garanticen el desarrollo de actividad en condiciones dignas, la carencia de horarios establecidos y un largo etcétera.

 

Por otro lado, al tratarse de tareas poco valoradas socialmente ‑como ocurre con todo aquello relacionado con los cuidados‑ son colectivos invisibles, incluso para las estadísticas oficiales. Porque limpiar, cuidar a nuestros mayores, cargar y descargar cajas de pescado o coser redes son considerados trabajos de segunda. Poco parece importarnos que la vida cotidiana es imposible sin esas manos y espaldas femeninas que nos sostienen.

 

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La figura del iceberg acuñada por la economía feminista es muy ilustrativa para contraopner lo productivo-reconocido-masculino frente a reproductivo-invisible-femenino. Imagen realizada por Aradia.

Esto nos lleva, una vez más, a esa figura del iceberg promulgada por la economía feminista. Donde lo productivo, lo que se vincula al poder ‑obviamente, a ese "poder sobre" que busca la dominación de quienes no son privilegiados‑ es esa parte pequeña, pero que se puede ver. Todo lo demás está bajo el agua, a pesar de que, sin esta enorme base, solo habría náufragos sin rumbo. Por su parte, las instituciones refuerzan el ahogamiento de estos oficios con su inacción y/o discriminación directa. Y dan cobijo a las desigualdades a través de un marco normativo que legitima la precariedad de las mujeres, por mucho gesto simbólico que promuevan. Como bien ha dejado de manifiesto una Diputación de Bizkaia que no ha sabido responder a las trabajadoras de las residencias en casi un año.

Las trabajadoras de las residencias de Bizkaia y las Kellys son algunos de los colectivos feminizados que están luchando por mejorar sus condiciones laborales.

No obstante, hay espacio para la esperanza de la mano de la movilización social. A pesar de las dificultades, muchas de estas mujeres se han organizado y están intentando combatir las injusticias que les atañen. A pesar de la indiferencia social y el machismo institucional están elevando sus voces y reivindicando sus derechos. Pero esto es un tema con el que continuaremos el próximo día. Por hoy nos conformamos con denunciar que, por el hecho de ser mujeres, arrastramos marginalidad, desavalorización y abusos. Una faceta más de ese entramado que constituye el patriarcado (capitalista y, ¿cómo no?, heteronormativo).

 

 

 

 

 

 

* Amorós, Celia (1985): Hacia una crítica de la razón patriarcal. Madrid: Anthropos. Pp. 250.
** Pateman, Carole (1995): El contrato sexual. Barcelona: Editorial Anthropos. Pp. 193.
*** Pérez Orozco, Amaia (2014): Subversión feminista de la economía. Madrid: Traficantes de Sueños.

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