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I love Dick: La mujer como sujeto

 Dear Dick, Every letter is a love letter.It started in New York (101)

I DICK. Bueno, no hay duda de que me gustan las pollas podría ser una buena forma de comenzar esta entrada. Sin duda, toda una declaración de intenciones. Pero esto vamos a dejarlo para otra ocasión. Porque I Love Dick hace referencia a la nueva serie de Amazon, en la que Jilll Holoway (Transparent) y Sarah Gubbins son las encargadas de llevar a la (no tan) pequeña pantalla la novela homónima de Chris Kraus (1997).

Trailer primera temporada de I love Dick

 Dear Dick,I never understood before tonight how one chance meeting can alter the course of events in someone's life.[...]  I never had someone shatter in one glance the persona that I have spent decades constructing (101)

Y, al igual que ocurre con Transparent (que juega, en ingles, con Transparente y Padre Trans), el título condensa, en buena medida, el argumento de esta comedia. En ella, Chris (la gran Kathryn Hahn), una cineasta que acaba de ver desmoronarse su último proyecto (por no pagar derechos de autor), acompaña a su esposo Sylvere (Griffin Dunne) a un centro cultural para investigar arte contemporáneo en Marfa, una pequeña localidad de menos de 2000 habitantes al oeste de Texas. El viaje, pensado como una breve parada, termina como un revulsivo para un matrimonio desgastado y apagado sexualmente gracias a Dick (Kevin Bacon): El director del centro y el que va a ser el foco de la obsesión erótica de Chris, como plasmará en una serie de cartas que sirven como escape de los anhelos de la protagonista y también de inspiración para buena parte del mundo artístico de la localidad. Pero, ¿quién es Dick?

Dear Dick, I'm totally obsessed with you. Dear Dick, you've turned our house into a brothel (102)

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Dick se convierte en el objeto de deseo de la protagonista. Capítulo 104 © Amazon.

Este mozo vaquero es Dick. Un hombre absolutamente "normal". Un hombre normativo que sigue ese patrón dominante en la primera plana de la gran mayoría de las ficciones estadounidenses donde el protagonista es autónomo, blanco, de clase media/alta y heterosexual. Algo que Solloway y Gubbins complementan a golpe de los clichés de virilidad tradicional. Y hay pocos arquetipos más varoniles que el de cowboy para comenzar el bosquejo de ése varón solitario, un poquito ególatra y bastante machista acostumbrado a ser reconocido por su valor personal. Un reconocimiento ligado a su vida como artista dedicada, básicamente, a concebir enormes esculturas fálicas.

Dear Dick, I' will not be muzzle (102)

En definitiva, Chris, una mujer independiente, pierde la cabeza por una persona que representa su antítesis pero que la lleva a un estadio de máxima creatividad con el que expresar un momento de duda y frustración. Un hombre condescendiente que, ya en uno de sus primeros encuentros, le explica por qué las mujeres no triunfan en el mundo del cine: "I think it's really pretty rare for a woman to make a good film, because they have to work from behind their oppression, which makes for some bummer movies [...] If you wanted to be a filmmaker, you would be one. It's just a question of desire". Cuestión de deseo. Gran ironía. Porque Chris va a demostrar que deseo es lo que le sobra. Especialmente, el deseo hacia él.

 

Dear Dick, I've been up all night writing a description of your face. Why are you doing this to us?

I'd fall into your arms. We'd kiss.The obligatory first contact before fucking. My love for you is absolutely groundless. Everything that has passed between us all comes back to ugliness and identity (103).

Y aquí está justamente el centro de una trama en la que se altera una de esas reglas que han reinado en la ficción audiovisual desde sus orígenes. Lo que Laura Mulvey, la académica británica especialista en el estudio cinematográfico desde los feminismos, catalogó como Placer Visual masculino. Es decir, el cine siempre ha estado construido en torno a la mirada del hombre. Donde el protagonista ‑y por asociación el espectador varón‑ es el sujeto y el dueño de la acción, mientras que los personajes femeninos ‑y por ende las espectadoras‑ se convierten en el objeto de deseo de la mirada masculina y, con ello, en una actitud pasiva en la trama. Un alma patriarcal que se cuela en numerosas producciones de nuestros días, aunque es algo que se va desgastando paulatinamente, especialmente, con la incorporación de las mujeres (aún escasa) en la narración de las historias.

 

Dear Dick, desire isn't lack. It's excess energy. A claustrophobia inside your skin (103).

Porque en esta historia Chris va a ser la "sujeta" de la trama. Todo el peso narrativo recae en una mujer que se aleja, al contrario de otras grandes (anti)heroínas coetáneas, de un patrón masculino. Chris destila feminidad. Esa feminidad convulsa, emotiva y mutable. Y, desde ella, se hace con la narración a través de un desenfreno epistolar que traspasa la esfera de las fantasías privadas para alojarse en el espacio público. Y, durante unos días, lo femenino (o más concretamente, el deseo femenino) se hace con las calles colocando a un hombre como objeto de la historia. Dick es el mirado. El deseado. El que no tiene control de una trama que manejan las mujeres.

Son muchos los planos en los que la cámara se recrea con Bacon © Amazon.

Dear Dick, I've been horny since I was six (105).

Una objetivización que se acentúa con el lenguaje audiovisual siendo recurrente que la cámara recorra y se pose en el cuerpo del vaquero. Una apuesta por el placer visual, en este caso, femenino que incluso roza lo cómico. No por la introducción de un toque jocoso, ni por planos aberrantes, ni risas enlatadas. Roza lo cómico porque es algo extraño y, en cierta forma, irreal. Porque no estamos acostumbradas a este tipo de relato. A que la cámara se transforme en los ojos de una mujer, de una mujer sexualmente activa, de una mujer que toma la iniciativa, que domina. Tampoco Dick que no tarda en mostrar su desconcierto y su desaprobación al verse sobrepasado por una situación que mina su ego, su liderazgo, su seguridad.

 

Dear Dick,I want to own everything that happens to me now. I am fully prepared to accept the consequences (106).

Una idea que se complementa con la introducción de la mirada del resto de artistas. Algo que queda claro en quinto capítulo titulado A Short History of Weird Girls, uno de los grandes episodios de la temporada, en el que, a través de cartas para Dick, las protagonistas van narrando sus experiencias de cuerpos, de sexualidad, de vida.

 

Imagen promocional de I love Dick  © Amazon.

Dear Dick, this is not a love letter.This is a manifesto (106).

En definitiva, I love Dick es una de esas series que no pasan desapercibidas. Porque Kraus, Gubbins y Soloway se recrean en el arte y en los feminismos. Juegan con lo estructural y lo postmoderno. Lo cotidiano y lo elitista. Una sátira y un manifiesto. Una producción que introduce una clara mirada femenina en una industria aún tan masculina como es la ficción audiovisual. Una mirada provocativa y, a la vez, divertida. Y, para terminar, no puedo hacer otra cosa que esbozar una sonrisa ante la escena final que juega con ese (tristemente) tabú que todavía tenemos en las sociedades occidentales que parece no aceptar la naturaleza de nuestros cuerpos, de nuestras miradas.

 

Delicia Aguado Peláez, Delicia Aguado, Delicia, Aradia Coop., Aradia, Aradia Cooperativa, Estudios Culturales, Estudios de Género, Feminismos, Femismo, I love Dick,

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Comentarios: 2
  • #1

    Esmerarda (lunes, 25 septiembre 2017 10:49)

    Maravillosa mirada, una forma divertida de ir cambiando los roles, un análisis brillante y ameno.

  • #2

    Nuria (domingo, 22 abril 2018 11:42)

    Gracias por tu articulo, me encanta. Estaba buscando un comentario sobre la escena final. Me ha parecido una solución GRANDIOSA. Ese final se merece tantas lineas... O ninguna, es el perfecto final, un silencio lleno.